La base del tratamiento del ojo seco sigue siendo los sustitutos lagrimales, las llamadas lágrimas artificiales. Dentro del amplio abanico de polímeros existentes, el más utilizado hoy en día es el ácido hialurónico (AH), solo o en combinación con otros componentes.

El AH es un polisacárido de la familia de los glucosaminoglucanos que se distribuye ampliamente por los tejidos conectivos, epiteliales y neuronales. Entre los numerosos tejidos donde se puede encontrar de manera natural tenemos la dermis, el líquido sinovial de las articulaciones, el humor vítreo, el humor acuoso, el cordón umbilical, el tejido esquelético, las válvulas cardíacas, el pulmón, la aorta, la próstata y los cuerpos cavernosos del pene. En una persona de 70 kg de peso, puede haber una cantidad total de 15 gramos de AH. Diversos estudios han demostrado su capacidad para unirse a las células de la superficie ocular y sus potenciales propiedades curativas de heridas (DEWS II).

Gracias a su naturaleza aniónica y la presencia de grupos hidroxilo, tiene una gran capacidad de retención de agua, pudiendo retener 1000 veces su peso molecular en agua.

Otra de las características del AH es que presenta propiedades no newtonianas de pseudoplasticidad, esto significa que su viscosidad es variable en función de diversos parámetros como son la temperatura, el pH, la osmolaridad y sobre todo la tensión de corte o cizallamiento. Por lo tanto, para fórmulas basadas en el AH, la viscosidad disminuye a medida que aumenta la tensión de rotura, de la misma manera que ocurre durante el parpadeo.

En oftalmología el AH es ampliamente empleado como componente de las lágrimas artificiales a concentraciones del 0.1 al 0.4% y también durante la cirugía ocular tanto como mantenedor de espacios como para proteger el endotelio y se utiliza en concentraciones de entre el 1 y el 3%.

Aunque todo lo dicho hasta ahora es de sobra conocido para la mayoría de los oftalmólogos, lo que quizás muchos desconozcan es la historia que hay detrás de su descubrimiento y el porque de su nombre.

El AH fue aislado por primera vez en 1934 en la Universidad de Columbia (NY) por el farmacéutico alemán Karl Meyer y su asistente John Palmer y lograron este descubrimiento a partir del cuerpo vítreo de los ojos de las vacas.

Karl Meyer (1899-1990) nació en un pueblo de Alemania llamado Karpen. Sirvió como militar en el último año de la Primera Guerra Mundial. Tras la guerra, estudió medicina en la Universidad de Colonia y posteriormente en Berlín estudió Química. Tras varios años trabajando como investigador en Zurich, le ofrecieron un puesto de profesor asistente en la Universidad de Berkeley en California. Posteriormente le ofrecieron volver a trabajar en Alemania, pero debido al aumento del antisemitismo y las nubes de tormenta en el horizonte que presagiaban el inicio de una nueva guerra mundial, decidió quedarse en Estados Unidos consiguiendo gracias a Hans T. Clarke una beca provisional hasta 1933 en la Universidad de Columbia y finalmente un puesto de profesor asistente en el Departamento de Oftalmología.

Meyer y Palmer observaron que la sustancia tenía dos macromoléculas de azúcar y que una de ellas era el ácido glucurónico. De la unión de hialoide (vítreo) y ácido urónico, surgió el nombre de ácido hialurónico. Los investigadores se dieron cuenta de que se trataba de una sustancia muy viscosa y que permitía mantener la forma del globo ocular por lo que pensaron que podría ser de utilidad terapéutica. Sin embargo, su extracción en grandes cantidades a partir de los ojos de vaca no era comercialmente posible.

No fue hasta 1942 en que se comenzó a utilizar con fines comerciales y fue gracias al científico húngaro Endre Balazs que utilizó la técnica descrita por Meyer para sintetizar el AH a partir de las crestas de los gallos.

Las crestas de los gallos fueron durante mucho tiempo la fuente más utilizada para la obtención del AH, era un producto que se tiraba tras la matanza de los gallos y que no deja de ser una excrecencia de piel con una elevadísima concentración de ácido hialurónico aumentada como respuesta a la testosterona. Balazs patentó el primer uso del AH como sucedáneo de la clara de huevo para los productos de pastelería.

Posteriormente se inició su uso en medicina y el boom de su mayor demanda se conoce desde 1996 con su aplicación en cosmética y dermatología. De su extracción a partir de las crestas de gallo y aletas de tiburón se pasó en la actualidad a su producción mediante biotecnología a través de un proceso de fermentación bacteriana.

Actualmente y para el tratamiento del ojo seco, contamos con ácidos hialurónicos con diferentes concentraciones, diferentes compuestos añadidos, mayor o menor peso molecular y ácidos hialurónico lineales o reticulados (AH cross-linked).

Dr. Ollero

Dr. Alberto Ollero Lorenzo

Centro Médico Quirúrgico Concheiro (Vigo).

Referencias

  • The Discovery of Hyaluronan by Karl Meyer, Journal of Biological Chemistry. Robert D. Simoni, Robert L. Hill, Martha Vaughan and Vicent Hascall.
  • The Polysaccharide of the Vitreous Humor. Meyer K and Palmer J.W. (1934) J. Biol. Chem. 107, 629-634
  • TFOS DEWS II. The Ocular Surface 2017 (580-634)